Ramírez, L.
Revista Actividad Física y Ciencias Año 2026, vol. 18, Nº2. Segundo semestre julio / diciembre
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A nivel antropológico, y retomando las tesis de Huizinga (1938), se valida que las
olimpiadas y dinámicas de juegos tradicionales constituyen la matriz original de la organización
política y social de los resguardos, lo que otorga a estas prácticas el estatus de alta cultura dentro
del diseño curricular. Esta postura científica coincide plenamente con los lineamientos del Cabildo
Mayor Regional del Pueblo Zenú (2016), institución que concibe a la lúdica como el vehículo
natural de comunicación y enseñanza de su pueblo, capaz de integrar la sabiduría ancestral con
procesos de pensamiento creativos, armónicos y contextualizados.
En perfecta sintonía con estos presupuestos teóricos e institucionales, los hallazgos de la
revisión documental local arrojan un panorama con importantes matices para el análisis escolar.
Por una parte, Camargo et al. (2023) comprueban un factor altamente positivo en el aula, los
estudiantes reconocen plenamente su pertenencia a una parcialidad indígena, valoran los rasgos
propios de la etnia Zenú, se identifican orgullosamente como miembros de ella y respetan la
cosmovisión, los principios, usos y costumbres de su comunidad. Sin embargo, este
autorreconocimiento se enfrenta a una preocupante desconexión práctica; en cuanto a los juegos
tradicionales como estrategia pedagógica, se detectó inicialmente que los estudiantes desconocen
algunos juegos específicos de su etnia y no los utilizan de forma cotidiana para promover la
identidad cultural.
Al respecto, Salas y Salas (2025) advierten de manera crítica que las dinámicas lúdicas
tradicionales han perdido notablemente protagonismo en la vida diaria de los niños, un fenómeno
que pone en riesgo la continuidad de la memoria histórica de la sabana. No obstante, la literatura
local demuestra que cuando los docentes muestran y dinamizan estos juegos tradicionales en el
aula, los estudiantes logran reconocerlos, aunque a veces bajo otros nombres y con distintas lógicas
de ejecución, despertando un inmediato gusto, interés y participación activa.
De este modo, la evidencia analizada confirma que aquellas escuelas que implementan
proyectos basados en la oralidad lúdica reportan indicadores sobresalientes en convivencia escolar
y retención estudiantil, constatando que la inclusión sistemática del juego tradicional no solo
disminuye la competitividad destructiva de los modelos occidentales y resignifica el error como
una variable normal de aprendizaje seguro, sino que como sostienen Salas y Salas (2025) refuerza
la identidad cultural y facilita la necesaria transmisión intergeneracional del conocimiento.
Por su parte, la categoría, referida a la Resistencia y Preservación Identitaria aborda
directamente las tensiones existentes entre la escuela oficial y el saber ancestral, denunciando los
procesos históricos de blanqueamiento cultural. A través de una crítica sociológica que recupera
el pensamiento de Bourdieu (1977), se identifica cómo el currículo tradicional invisibiliza el saber
indígena al negarle validez académica formal y reproducir una violencia simbólica que devela a la
escuela, a nivel histórico, como un instrumento de asimilación de las luchas originarias.
Frente a este panorama, un hallazgo crítico detectado por Mercado (2023) es la pérdida
progresiva de la identidad en los jóvenes debido a los procesos de aculturación y la absorción
acelerada de costumbres ajenas, dinámicas que hoy son fuertemente impulsadas por los medios de