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CALIDAD DE LA EDUCACIÓN UNIVERSITARIA
VENEZOLANA: VISIÓN ONTOEDUCATIVA PROSPECTIVA
DESDE LA INGENIERÍA
Luis Guillermo José De Sousa Páez
1
ldesousa5@uc.edu.ve
Universidad de Carabobo
Venezuela
Recibido: 21/11/2024
Aprobado: 18/07/2025
RESUMEN
La presente investigación examina la calidad de la educación universitaria venezolana desde una
perspectiva ontoeducativa e ingenieril. Su propósito es proponer un enfoque transformador que integre
fundamentos ontológicos con metodologías ingenieriles para afrontar la crisis multidimensional de la
educación superior. Metodológicamente, se adopta un abordaje interpretativo-crítico mediante análisis
teórico-documental, estructurado en cuatro fases: revisión bibliográfica selectiva, configuración del
corpus documental, análisis hermenéutico-crítico y elaboración de un entramado teórico-reflexivo. Los
hallazgos evidencian desafíos fundamentales como el acceso inequitativo, la precarización institucional
y la desvinculación con exigencias socioprofesionales, revelando la necesidad de un modelo que optimice
procesos formativos y desarrolle competencias crítico-reflexivas. Se concluye que la convergencia entre
ontología e ingeniería constituye un marco epistémico-metodológico robusto para transformar la
educación universitaria, formando profesionales capaces de responder éticamente a contextos complejos,
estableciendo bases para una formación superior más pertinente y trascendente.
Palabras clave: calidad de la educación; enseñanza superior; innovación educacional; formación de
ingenieros; ontología; prospectiva.
QUALITY OF VENEZUELAN UNIVERSITY EDUCATION: ONTOEDUCATIONAL PROSPECTIVE
VISION FROM ENGINEERING
ABSTRACT
This essay examines the quality of Venezuelan university education from onto-educational and engineering
perspectives. Its cardinal purpose is to propose a transformative approach that integrates ontological foundations
with engineering methodologies to address the multidimensional crisis in higher education. Methodologically, an
interpretative-critical approach is adopted through theoretical-documentary analysis, structured in four phases:
selective bibliographic review, configuration of the documentary corpus, hermeneutic-critical analysis, and
development of a theoretical-reflective framework. The findings reveal fundamental challenges such as inequitable
access, institutional precariousness, and disconnection from socio-professional demands, highlighting the need for
a model that optimizes formative processes and develops critical-reflective competencies. The study concludes that
the convergence between ontology and engineering constitutes a robust epistemic-methodological framework for
transforming university education, forming professionals capable of responding ethically to complex contexts,
establishing the foundation for more relevant and transcendent higher education.
Keywords: educational quality; higher education; educational innovations; engineering education; ontology; future
studies.
1
Doctor en Ciencias de la Educación, Mención Educación Universitaria (Universidad José Antonio Páez, Venezuela). Magister
en Gerencia de la Construcción (Universidad de Carabobo). Especialista en Automatización Industrial (Universidad José Antonio
Páez, Venezuela). Ingeniero Electricista (Universidad de Carabobo). Profesor Agregado (Facultad de Ingeniería. Escuela de
Ingeniería Eléctrica. Departamento de Sistemas y Automática). Orcid: https://orcid.org/0000-0002-0445-7951. Universidad de
Adscripción: Universidad de Carabobo, Venezuela.
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Introducción
La educación universitaria venezolana atraviesa una profunda crisis multidimensional
derivada de la compleja coyuntura sociopolítica y económica del país, comprometiendo la
formación de profesionales competentes y críticos. Ante esta realidad, esta investigación
examina la problemática desde una perspectiva ontoeducativa e ingenieril, trascendiendo la
visión convencional de calidad educativa (tradicionalmente centrada en indicadores
cuantitativos) para abordarla como transformación del ser, argumentando que la formación
ingenieril debe superar la mera capacitación técnica para constituirse en espacio de desarrollo
ontológico.
La fundamentación teórica articula diversas tradiciones filosóficas complementarias: el
existencialismo educativo de Heidegger y Sartre, que concibe la formación como proyecto
existencial; el personalismo de Mounier y Maritain, que sitúa a la persona como realidad
primordial; la fenomenología de Husserl y Merleau-Ponty, que comprende la experiencia
educativa como fenómeno vivido; y la pedagogía ontológica freireana, que entiende la educación
como proceso emancipador. Desde esta convergencia epistémica, se sostiene que la calidad
educativa no puede desvincularse de su contexto social ni de su finalidad última: formar seres
humanos íntegros capaces de contribuir al bien común mediante intervenciones profesionales
éticamente fundamentadas.
Metodológicamente, este trabajo adopta un enfoque interpretativo-crítico, mediante
análisis el teórico-documental, estructurado en cuatro fases: revisión bibliográfica selectiva,
configuración del corpus documental, análisis hermenéutico-crítico y elaboración de un
entramado teórico-reflexivo original. La estructura argumentativa comprende: análisis del
contexto universitario venezolano, exploración de fundamentos epistemológicos, desarrollo del
modelo ontoeducativo para la formación ingenieril y propuesta de operacionalización
contextualizada que identifica barreras potenciales y estrategias para su superación.
El aporte distintivo de esta propuesta radica en su capacidad para trascender
aproximaciones instrumentales a la calidad educativa y ofrece un marco conceptual y
metodológico que reconoce la formación universitaria como espacio privilegiado para la
transformación ontológica del educando, incluso en contextos caracterizados por severas
restricciones materiales e institucionales. Este modelo combina, de manera sistemática, la
optimización de procesos, característica de la ingeniería, con una concepción humanista y
emancipadora de la educación, con lo que se configura un paradigma particularmente pertinente
para el actual contexto venezolano.
Metodología
Se inscribe epistemológicamente en el paradigma interpretativo-crítico, adoptando como
enfoque metodológico el análisis teórico-crítico documental. Esta elección metodológica
responde a la naturaleza compleja del objeto de estudio, permitiendo abordar la calidad de la
educación universitaria venezolana desde una perspectiva ontoeducativa e ingenieril mediante
un diálogo reflexivo con diversas tradiciones filosóficas y pedagógicas.
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La investigación se desarrolló a través de un proceso sistemático estructurado en cuatro
fases complementarias e interrelacionadas. En primera instancia, se efectuó una revisión
bibliográfica selectiva en bases de datos especializadas (Scopus, Web of Science, Scielo,
Redalyc y Dialnet), con el uso de descriptores específicos vinculados con la temática central.
Como criterio temporal, se priorizaron publicaciones del último decenio, aunque se incorporaron
obras seminales cuando su aporte epistémico resultó fundamental para la construcción teórica.
La segunda fase consistió en la configuración del corpus documental definitivo mediante
criterios rigurosos de inclusión: relevancia teórico-conceptual, solidez metodológica,
procedencia académica acreditada y pertinencia contextual. Este proceso permitió consolidar un
conjunto representativo de documentos que conformaron la base analítica del estudio.
Posteriormente, se procedió al análisis hermenéutico-crítico del material seleccionado
mediante una matriz analítica que facilitó la categorización, comparación e integración
conceptual de los diversos aportes teóricos. Esta herramienta metodológica posibilitó identificar
convergencias, divergencias y complementariedades entre los planteamientos de diferentes
corrientes filosóficas y pedagógicas, así como detectar vacíos conceptuales y oportunidades para
la construcción de un marco integrador.
La fase final implicó la elaboración de un entramado teórico-reflexivo original, articulando
las diversas perspectivas analizadas mediante un proceso de triangulación epistémica y
contrastación con evidencias contextuales del ámbito universitario venezolano. En esta
construcción teórica se privilegió la derivación de proposiciones emergentes sobre la relación
entre ontoeducación, calidad universitaria e ingeniería, configurando así una contribución
distintiva al campo de estudio.
Es importante destacar que, en coherencia con la naturaleza del análisis teórico-crítico, este
trabajo no persigue la generalización estadística de sus hallazgos, sino la transferibilidad
conceptual a contextos análogos y la fundamentación de hipótesis para futuras investigaciones
empíricas. La validez del estudio se sustenta en la coherencia interna del entramado
argumentativo, la fundamentación rigurosa en fuentes académicas diversas y la transparencia en
el proceso de construcción teórica, criterios congruentes con el propósito de generar una visión
ontoeducativa prospectiva que contribuya a la transformación de la calidad educativa
universitaria venezolana.
Conceptos y bases epistémicas: una visión sistemática de las corrientes ontoeducativas
La comprensión de la calidad educativa universitaria desde una perspectiva ontoeducativa
e ingenieril requiere establecer un sólido entramado epistemológico que articule las diversas
aproximaciones filosóficas que fundamentan la conceptualización del ser en la educación. Esta
sección presenta una sistematización de las principales corrientes filosóficas que sustentan la
propuesta ontoeducativa, organizadas en categorías claramente diferenciadas, pero
dialógicamente interconectadas.
El existencialismo educativo: la educación como proyecto de ser
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El concepto heideggeriano de Dasein (ser-ahí) establece las bases para comprender la
educación como espacio de desvelamiento y proyecto existencial, trascendiendo la mera
transmisión de conocimientos técnicos (Heidegger, 2008). Complementariamente, el postulado
sartreano de que "la existencia precede a la esencia" implica que la formación no debe concebirse
como un moldeamiento según una naturaleza humana predeterminada, sino como
acompañamiento en el proyecto de autocreación del educando" (Sartre, 2003).
En el contexto educativo universitario, particularmente en disciplinas como la ingeniería,
esta perspectiva cuestiona los modelos tecnocráticos predominantes al proponer una
reconceptualización del proceso formativo como experiencia ontológica. Como señala Thomson
(2016), "la universidad, desde la visión existencialista, debe propiciar el desocultamiento del ser
mediante experiencias transformadoras que confronten al educando con su propia existencia".
Esta aproximación promueve el desarrollo de un proyecto de vida auténtico frente a las fuerzas
sociales que amenazan con reducir al individuo a la condición de objeto.
El personalismo educativo: la centralidad de la persona en el proceso formativo
El personalismo filosófico, representado por pensadores como Mounier (1949), Maritain
(1947) y Wojtyla (1969), aporta una perspectiva fundamental al situar a la persona humana como
realidad primordial y criterio axiológico del proceso educativo. Esta corriente, emergida como
respuesta tanto al individualismo liberal como al colectivismo materialista, propone una visión
educativa centrada en el reconocimiento de la dignidad inalienable de la persona y su vocación
trascendente.
En el ámbito de la educación ingenieril, el personalismo adquiere especial relevancia al
enfatizar que la formación debe trascender la mera capacitación técnica para abrazar la
dimensión ética y existencial del quehacer profesional. Esta perspectiva resulta particularmente
significativa para el contexto universitario venezolano, donde la tensión entre las exigencias del
desarrollo tecnológico y la formación humanística integral configura uno de los principales
desafíos educativos actuales.
La fenomenología de la educación: la experiencia educativa como fenómeno vivido
La fenomenología, desarrollada por Husserl (1980) y posteriormente enriquecida por
Merleau-Ponty (1945), ofrece una aproximación fundamental para la comprensión de la
experiencia educativa en su dimensión vivencial. Como señala Van Manen (2023), la
fenomenología de la práctica educativa se orienta a comprender las estructuras esenciales de la
experiencia vivida, permitiendo una comprensión profunda de los significados que emergen en
los encuentros pedagógicos cotidianos.
La aplicación del método fenomenológico al ámbito universitario, desarrollada por autores
como Dall'Alba y Barnacle (2007), evidencia cómo la experiencia de aprendizaje en disciplinas
técnicas como la ingeniería trasciende la adquisición de habilidades instrumentales para
constituirse en experiencia transformadora del ser. Este enfoque resulta especialmente valioso
para comprender cómo la experiencia educativa universitaria venezolana se configura como
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espacio de construcción identitaria en un entorno caracterizado por profundas transformaciones
sociales.
La pedagogía ontológica: hacia una educación transformadora del ser
La pedagogía ontológica, representada paradigmáticamente por Paulo Freire (1970) y
enriquecida contemporáneamente por Echeverría (1994) y Maturana (Maturana y Varela, 1984),
constituye una corriente fundamental para la articulación de una propuesta ontoeducativa
universitaria. Freire establece los fundamentos de una educación liberadora orientada a la
transformación ontológica del educando, superando los modelos bancarios que reducen al
estudiante a receptor pasivo de contenidos predeterminados.
En el ámbito específico de la educación ingenieril, autores como Ramírez-Montoya et al.
(2021) han aplicado los principios de la pedagogía ontológica para proponer modelos formativos
que trascienden la capacitación técnica y promueven la formación de profesionales reflexivos,
éticamente comprometidos y ontológicamente conscientes. Como afirma la autora, "la formación
del ingeniero desde una perspectiva ontológica implica el desarrollo no solo de competencias
técnicas, sino de disposiciones existenciales que configuran un determinado modo de ser-en-el-
mundo".
Integración epistémica: hacia un modelo ontoeducativo para la ingeniería
Las cuatro corrientes filosóficas analizadas convergen en una comprensión
multidimensional del fenómeno educativo en su dimensión ontológica. Esta integración
epistémica resulta particularmente relevante para la educación ingenieril, tradicionalmente
dominada por racionalidades instrumentales que han tendido a soslayar la dimensión ontológica
de la formación profesional.
El modelo ontoeducativo propuesto para la formación ingenieril venezolana sintetiza las
aportaciones de estas corrientes filosóficas, articulándolas en una propuesta coherente que
reconoce: (1) la dimensión existencial del proceso educativo como proyecto de desvelamiento
del ser; (2) la centralidad de la persona humana como fin último de la educación; (3) la
importancia de la experiencia vivida y los significados emergentes en la relación educativa, y (4)
el carácter transformador de la educación como proceso de reconstrucción ontológica del
educando.
La articulación de estos elementos configura un marco teórico sólido para fundamentar una
concepción de la calidad educativa universitaria que trascienda los enfoques reduccionistas
centrados exclusivamente en indicadores cuantitativos, para abrazar una comprensión más
profunda del proceso formativo como transformación del ser y preparación de profesionales
éticamente comprometidos con la construcción de un mundo más humano y sostenible.
La educación universitaria en Venezuela: Panorama contextual e implicaciones para un
modelo ontoeducativo
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La comprensión del contexto universitario venezolano resulta imprescindible para la
articulación de propuestas ontoeducativas pertinentes que respondan a las particularidades y
desafíos del sistema de educación superior. En este sentido, es menester examinar la
configuración histórica, estructural y coyuntural de la universidad venezolana, identificando
tanto sus potencialidades como sus limitaciones contemporáneas.
El sistema universitario venezolano tiene su génesis en la fundación de la Real y Pontificia
Universidad de Caracas en 1721, institución que adoptó el modelo español para, posteriormente,
experimentar la influencia del paradigma napoleónico tras los procesos independentistas. Un hito
fundamental en la configuración identitaria de la universidad venezolana lo constituye la
influencia del Movimiento de Reforma de Córdoba en el primer cuarto del siglo XX, fenómeno
que estableció las bases del tradicional antagonismo entre Estado y universidad que ha
caracterizado gran parte del devenir institucional contemporáneo. Esta tensión histórica se ha
reconfigurado a partir de 1999, adquiriendo nuevas dimensiones y manifestaciones.
Actualmente, la estructura del sistema universitario presenta una configuración
heterogénea que comprende universidades autónomas, experimentales y privadas, coexistiendo
con las Aldeas Universitarias (Misión Sucre) y los Complejos Universitarios Socialistas Alma
Mater. Esta diversidad institucional, sin embargo, se encuentra profundamente afectada por lo
que diversos analistas han denominado una "crisis multidimensional" sin precedentes que
compromete todos los ámbitos de su funcionamiento. Esta situación crítica se enmarca en un
contexto más amplio de Emergencia Humanitaria Compleja documentado en informes
internacionales de organismos como la Plataforma de Coordinación Interagencial (PCI) y el
Panel de Expertos de Naciones Unidas. El panorama educativo superior ha experimentado
transformaciones radicales evidenciadas por fenómenos como la emigración masiva de
académicos, la precarización infraestructural crónica y la asfixia presupuestaria estructural,
configurando un escenario adverso para el desarrollo de las funciones universitarias
fundamentales.
En cuanto al acceso y equidad, a partir de 2003 se implementó una estrategia de
masificación mediante la Misión Sucre, orientada a "romper los rculos de exclusión" según el
entonces Ministerio de Educación Superior. No obstante, como señala Gómez Gamboa (2019),
actualmente el acceso enfrenta "serias restricciones" derivadas de lo que denomina una "política
de Estado" que compromete tanto la autonomía institucional como los derechos de estudiantes y
profesores. El Sistema Nacional de Ingreso a la Educación Universitaria ha sido criticado por
operar "bajo criterios desvinculados con las capacidades, competencias o potencial para el
desempeño académico", resultando en elevadas tasas de abandono y deserción.
Respecto a la calidad educativa, esta ha constituido históricamente un tema de
preocupación académica e institucional, aunque con notables dificultades para su
operacionalización efectiva. Como sostienen Olivero-Sánchez y Suasnabas-Pacheco (2015), el
concepto mismo de calidad educativa en el contexto venezolano requiere una redefinición que
trascienda las aproximaciones instrumentales y considere las particularidades socioculturales del
país. En esta nea, Casanova (2012) argumenta que la verdadera calidad educativa trasciende
los indicadores cuantitativos derivados de pruebas estandarizadas, para abrazar una comprensión
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más profunda del proceso formativo como desarrollo integral del educando. Para la autora, la
calidad implica "el mejoramiento progresivo" (p. 8) que debe traducirse en un diseño curricular
capaz de ofrecer "respuestas válidas a los estudiantes: para su vida y para su sociedad" (p. 9),
transformando efectivamente las prácticas educativas en los centros y aulas.
La relación entre formación universitaria y empleabilidad constituye otro ámbito de
preocupación fundamental. Existe una significativa "desconexión entre lo que se enseña en la
universidad y el trabajo que se realiza" en el ámbito profesional, particularmente en sectores de
alta demanda tecnológica. La transformación acelerada del mercado laboral, impulsada por
fenómenos como la cuarta revolución industrial, plantea exigencias formativas que las
universidades venezolanas enfrentan con notables limitaciones en un contexto laboral
caracterizado por elevados niveles de informalidad y precarización.
La investigación científica experimenta un deterioro sistémico que compromete
gravemente su desarrollo. Estudios recientes del Observatorio de Universidades (2024) revelan
que el 49% de los docentes universitarios venezolanos no ha publicado un artículo científico en
los últimos cinco años, mientras que el 59% de los académicos en universidades públicas "no
tienen proyectos de investigación". Esta situación se deriva de múltiples factores estructurales,
destacando la insuficiencia de infraestructura y recursos para la investigación, con seis de cada
diez instituciones públicas carentes de laboratorios y bibliotecas especializadas adecuadas.
En el ámbito político-institucional, la relación entre universidad y Estado ha experimentado
tensiones históricas que en el periodo reciente han adquirido manifestaciones particularmente
agudas. La autonomía universitaria, principio fundamental reconocido constitucionalmente,
enfrenta significativas restricciones, con la elección de autoridades rectorales y decanales
obstaculizada judicialmente por más de una década en las universidades autónomas.
Complementariamente, fenómenos como la "criminalización de las protestas" y la "asfixia
presupuestaria" comprometen el funcionamiento institucional, particularmente de aquellas
universidades con tradición autonómica.
No obstante, las adversidades descritas, paradójicamente, la magnitud misma de la crisis
podría constituir un catalizador para la experimentación con modelos formativos alternativos
que, como el enfoque ontoeducativo, trasciendan las concepciones instrumentales de la
educación superior.
La necesidad de responder creativamente a restricciones severas puede estimular
aproximaciones pedagógicas que, con recursos limitados, prioricen la transformación ontológica
del educando sobre la mera transmisión de contenidos técnicos. Desde esta perspectiva, el
modelo ontoeducativo propuesto se presenta no como una abstracción teórica desvinculada de
la realidad, sino como una respuesta contextualizada a los desafíos específicos de la universidad
venezolana contemporánea, donde la formación de profesionales reflexivos, resilientes y
comprometidos constituye una necesidad imperiosa.
La ingeniería educativa: fundamentación conceptual y pertinencia para la transformación
universitaria
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La ingeniería educativa constituye un constructo teórico-metodológico que posibilita una
reconfiguración significativa de los procesos formativos en educación superior, trascendiendo
las aproximaciones pedagógicas tradicionales mediante la integración sistemática de principios
científicos, conocimiento experiencial y reflexión ontológica. A diferencia de
conceptualizaciones meramente instrumentales, este enfoque se distingue por su carácter
holístico e integrador que reconoce explícitamente la dimensión transformadora del proceso
educativo.
Desde una perspectiva epistémica, la ingeniería educativa se fundamenta en la aplicación
de metodologías sistemáticas, análisis de sistemas complejos y diseño intencional de
experiencias formativas, articulados con una profunda reflexión sobre el sentido ontológico de
la educación. Como señalan Johri et al. (2023), puede definirse como la aplicación sistemática
y creativa de principios científicos y conocimiento experiencial para diseñar, implementar y
evaluar ecosistemas educativos que propicien transformaciones ontológicas en los educandos,
considerando especialmente el impacto de las tecnologías emergentes como la inteligencia
artificial generativa. Esta conceptualización trasciende significativamente el ámbito del diseño
instruccional, tradicionalmente centrado en la planificación de experiencias para objetivos
específicos, para abrazar una comprensión integral del fenómeno educativo en todas sus
dimensiones.
Es fundamental establecer la diferenciación entre ingeniería educativa y campos afines
como la tecnología educativa o el diseño instruccional. Mientras la tecnología educativa se centra
principalmente en la aplicación de recursos tecnológicos para resolver problemas educativos
específicos, y el diseño instruccional prioriza la secuenciación sistemática de actividades para el
logro de objetivos predeterminados, la ingeniería educativa constituye un paradigma más
abarcador que integra estas perspectivas en un marco conceptual enriquecido por dimensiones
filosóficas, sociológicas y antropológicas.
La validez epistemológica de la ingeniería educativa deriva de su capacidad para establecer
puentes entre la racionalidad instrumental propia de las ciencias aplicadas y la comprensión
hermenéutica característica de las humanidades. Esta convergencia se materializa en su
fundamento filosófico plural que incorpora elementos del existencialismo, el personalismo, la
fenomenología y la pedagogía ontológica, superando así el reduccionismo tecnocéntrico
evidenciado en la investigación de Katz et al. (2023) sobre la evolución histórica de los enfoques
metodológicos en la educación ingenieril que ha caracterizado frecuentemente las
aproximaciones ingenieriles a la educación.
En el contexto universitario venezolano, marcado por restricciones materiales significativas
y transformaciones institucionales complejas, la ingeniería educativa ofrece un marco
particularmente pertinente por tres razones fundamentales: primero, permite optimizar recursos
escasos mediante el diseño sistemático de experiencias educativas de alto impacto formativo;
segundo, facilita la integración coherente de tecnologías accesibles con metodologías
pedagógicas transformadoras; y tercero, proporciona herramientas analíticas para la evaluación
y mejoramiento continuo de las prácticas educativas en entornos de alta complejidad e
incertidumbre.
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Investigaciones recientes como las desarrolladas por Ramírez-Montoya et al. (2021) en
universidades latinoamericanas, se evidencia que la implementación de modelos basados en
ingeniería educativa ha generado resultados significativos no solo en dimensiones técnicas, sino
también en aspectos como el desarrollo ético-reflexivo y el compromiso social de los estudiantes.
El estudio de Albornoz (2018) sobre la universidad venezolana documenta transformaciones
perceptibles en la comprensión del rol profesional y la responsabilidad social de estudiantes y
profesionales en programas universitarios diseñados bajo principios de formación integral,
incluso en condiciones de significativas limitaciones infraestructurales.
La ingeniería educativa ofrece, en síntesis, un marco conceptual y metodológico que
permite abordar los desafíos de la educación universitaria venezolana desde una perspectiva
integradora que reconoce la complejidad del fenómeno educativo, optimiza recursos limitados y
prioriza la transformación ontológica del educando. Su aporte distintivo radica precisamente en
esta capacidad de articular sistemáticamente el rigor metodológico propio de las disciplinas
ingenieriles con una comprensión profunda de la dimensión ontológica del proceso educativo,
configurando así un enfoque particularmente pertinente para contextos que, como el venezolano,
demandan soluciones creativas, rigurosas y transformadoras.
Análisis integrado: fundamentos epistémicos y proyecciones prácticas del modelo
ontoeducativo
La articulación de un modelo ontoeducativo pertinente para la formación ingenieril
venezolana requiere establecer una relación dialéctica entre los fundamentos epistémicos que lo
sustentan y las proyecciones prácticas que viabilizan su implementación. Este análisis integrado
busca trascender la tradicional dicotomía teoría-praxis mediante un entramado conceptual que,
sin reduccionismos instrumentales, permita transitar desde la reflexión filosófica hacia
propuestas operativas contextualizadas.
Desde el plano epistémico, el modelo propuesto se fundamenta en una constelación
conceptual que integra coherentemente diversas tradiciones filosóficas. La perspectiva
existencialista heideggeriana concibe la formación ingenieril como un proceso de desvelamiento
del ser profesional, donde el aprendizaje no constituye simplemente la adquisición de
competencias técnicas, sino fundamentalmente una transformación ontológica que reconfigura
el modo en que el profesional habita el mundo. Esta concepción, coincidente con lo planteado
por Dall'Alba y Barnacle (2007), cuestiona "el énfasis en lo que los estudiantes adquieren a través
de la educación al poner en primer plano, en cambio, la pregunta de en quién se convierten" (p.
679, traducción propia), trascendiendo significativamente los enfoques instrumentales
predominantes en la educación ingenieril venezolana.
Complementariamente, la aproximación personalista sitúa a la persona como realidad
fundamental y criterio axiológico del proceso educativo. En consonancia con este enfoque, se
sostiene que la formación del ingeniero debe orientarse al desarrollo integral del educando,
reconociendo su dignidad inalienable y su vocación trascendente. Esta perspectiva resulta
particularmente relevante en el contexto de una formación tradicionalmente dominada por
racionalidades técnicas que instrumentalizan tanto al estudiante como al conocimiento mismo.
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La fenomenología aporta una comprensión de la experiencia educativa como fenómeno
vivido, atendiendo a las estructuras de significado emergentes en la relación pedagógica. Este
abordaje permite desvelar las dimensiones experienciales del aprendizaje ingenieril, superando
los modelos abstractos que soslayan la corporalidad y situacionalidad de la formación
profesional. Finalmente, la pedagogía ontológica freireana contribuye con una concepción
transformadora de la educación como praxis liberadora, formando profesionales críticos
comprometidos con la transformación social.
En cuanto a las proyecciones prácticas, la operacionalización del modelo ontoeducativo se
estructura en tres ejes fundamentales. Primero, la reconfiguración curricular, transitando desde
organizaciones disciplinares fragmentadas hacia propuestas integradoras que superen la
compartimentación del conocimiento, privilegiando aproximaciones transdisciplinares que
evidencien la interrelación entre dimensiones técnicas, éticas y sociales del quehacer ingenieril.
Segundo, la transformación de las prácticas pedagógicas, implementando experiencias
formativas que trasciendan la mera transmisión de información técnica para constituirse en
espacios donde el estudiante experimente una auténtica transformación existencial. Tercero, la
redefinición de los sistemas evaluativos, concibiendo la evaluación como un proceso dialógico
orientado a la comprensión del devenir profesional del estudiante, superando los enfoques
instrumentales centrados exclusivamente en la verificación de conocimientos y habilidades
técnicas.
Este análisis integrado no constituye una yuxtaposición arbitraria de elementos teóricos y
prácticos, sino una síntesis dialéctica que reconoce la mutua implicación entre fundamentos
epistemológicos y proyecciones metodológicas. La pertinencia del modelo para el contexto
universitario venezolano radica precisamente en su capacidad para responder simultáneamente
a la crisis de sentido que experimenta la educación superior y a los desafíos pragmáticos
derivados de las severas restricciones materiales e institucionales que caracterizan el actual
sistema universitario.
Operacionalización del modelo ontoeducativo: estrategias e implementación en el contexto
venezolano
La operacionalización del modelo ontoeducativo para la formación ingenieril en el contexto
universitario venezolano requiere la concreción de estrategias específicas que permitan su
implementación efectiva, considerando tanto las particularidades del entorno institucional como
los desafíos estructurales que enfrenta actualmente el sistema de educación superior.
Este apartado desarrolla una propuesta sistemática para la implementación del modelo,
identificando procedimientos concretos, barreras potenciales, estrategias de superación e
indicadores de seguimiento.
Procedimientos de implementación: una aproximación sistémica
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La implementación del modelo ontoeducativo requiere una aproximación sistémica que
reconozca la interconexión entre las diversas dimensiones del proceso formativo. En
concordancia con Senge (2006), se propone un procedimiento de implementación en cinco fases
secuenciales pero iterativas:
Fase 1: Diagnóstico institucional participativo
El proceso de implementación debe iniciarse con un diagnóstico comprensivo que permita
identificar tanto las potencialidades como las limitaciones institucionales para la adopción del
modelo ontoeducativo. Este diagnóstico debe concebirse desde una perspectiva participativa que
involucre a docentes, estudiantes y directivos, trascendiendo su función meramente técnica de
recolección de información para convertirse en un proceso reflexivo y colectivo de toma de
conciencia sobre las prácticas educativas institucionalizadas. La participación activa de los
actores educativos en esta fase inicial resulta fundamental para garantizar la legitimidad y
viabilidad del proceso de transformación propuesto. Este diagnóstico debe integrar métodos
cualitativos y cuantitativos, incluyendo:
Análisis documental de los planes de estudio vigentes.
Grupos focales con estudiantes, docentes y egresados.
Entrevistas en profundidad con autoridades académicas.
Observación etnográfica de prácticas pedagógicas.
Encuestas sobre concepciones educativas de los actores institucionales.
Los resultados de este diagnóstico permitirán identificar los "núcleos problemáticos" que
requieren intervención prioritaria, así como los "espacios de posibilidad" para la implementación
progresiva del modelo.
Fase 2: Formación ontoeducativa del profesorado
La segunda fase consiste en el desarrollo de procesos formativos orientados a la
sensibilización y capacitación del profesorado en los fundamentos filosóficos y metodológicos
del modelo ontoeducativo. Como argumenta Contreras (2021), "la práctica pedagógica ayuda al
profesional docente a transformar su propia praxis y la producción de conocimiento tanto en
procesos individuales como colectivos contribuyendo de esta forma a cambiar la realidad de sus
entornos laborales" (p. 166). Esta transformación de las prácticas docentes requiere no solo la
adquisición de nuevas herramientas didácticas, sino fundamentalmente procesos reflexivos que
permitan al profesorado reconceptualizar su rol pedagógico. El programa formativo debe
estructurarse en tres momentos complementarios:
1. Sensibilización filosófica: Introducción a los fundamentos existencialistas,
personalistas, fenomenológicos y de la pedagogía ontológica que sustentan el modelo.
2. Apropiación metodológica: Exploración de estrategias didácticas coherentes con los
principios ontoeducativos, incluyendo metodologías reflexivas, dialógicas y
experienciales.
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3. Comunidades de práctica: Conformación de grupos colaborativos para el diseño,
implementación y evaluación de experiencias piloto fundamentadas en el modelo
ontoeducativo.
Este proceso formativo debe concebirse como un espacio de transformación ontológica
para el propio profesorado, trascendiendo los enfoques instrumentales que reducen la formación
docente a la adquisición de técnicas didácticas.
Fase 3: Rediseño curricular integrado
La tercera fase implica la reestructuración curricular de los programas de ingeniería,
transitando desde modelos fragmentados y tecnocéntricos hacia propuestas integradoras
fundamentadas en principios ontoeducativos. Collazo (2022), en su análisis de procesos de
configuración curricular en carreras de ingeniería, identifica la necesidad de superar la
"arquitectura tradicional de organización por disciplinas [...] con muy escasa o nula apertura
curricular" (p. 188), transitando hacia diseños curriculares que articulen la formación teórica,
práctica profesional y el desarrollo integral del ser profesional. La reestructuración curricular
debe orientarse por tres principios fundamentales:
1. Integración transdisciplinar: Superación de la compartimentación disciplinar mediante
la organización curricular en torno a problemas complejos que evidencien la interrelación
entre dimensiones técnicas, éticas y sociales.
2. Experiencias transformadoras: Incorporación de espacios curriculares específicamente
diseñados para provocar transformaciones ontológicas, incluyendo proyectos de
vinculación comunitaria, experiencias inmersivas y espacios reflexivos.
3. Flexibilidad y personalización: Diseño de trayectorias formativas flexibles que
reconozcan la singularidad de cada estudiante y posibiliten la construcción de proyectos
profesionales auténticos.
Esta reestructuración debe implementarse progresivamente, comenzando con experiencias
piloto en cursos específicos y avanzando gradualmente hacia una transformación integral del
currículo.
Fase 4: Implementación de pedagogías ontoeducativas
La cuarta fase consiste en la implementación sistemática de prácticas pedagógicas
coherentes con los principios ontoeducativos, transitando desde enfoques transmisivos hacia
experiencias formativas transformadoras. Van Manen (2023) enfatiza que la práctica pedagógica
fenomenológica requiere cultivar el "tacto pedagógico" (pedagogical tact) y la "reflexividad
fenomenológica", creando espacios educativos donde los estudiantes puedan experimentar
encuentros formativos auténticos que reconfiguren su comprensión de sí mismos, de los otros y
del mundo. Entre las prácticas pedagógicas propuestas destacan:
Aprendizaje reflexivo: Incorporación sistemática de espacios para la reflexión crítica
sobre las experiencias formativas y su impacto en la configuración del ser profesional.
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Comunidades de indagación: Conformación de grupos colaborativos orientados al
abordaje de problemas complejos que integren dimensiones técnicas, éticas y sociales.
Mentoría ontológica: Establecimiento de relaciones formativas personalizadas que
acompañen el proceso de emergencia del ser profesional.
Proyectos existenciales: Desarrollo de intervenciones sociotécnicas fundamentadas en
la comprensión existencial de la profesión como proyecto de ser en el mundo.
Estas prácticas deben implementarse de manera articulada, configurando ecosistemas
pedagógicos coherentes con los principios ontoeducativos del modelo.
Fase 5: Evaluación transformadora
La quinta fase implica la implementación de sistemas evaluativos coherentes con los
principios ontoeducativos, trascendiendo los enfoques instrumentales centrados exclusivamente
en la verificación de conocimientos y habilidades técnicas. Como señala Santos Guerra (2021),
"la evaluación debe concebirse como un proceso de comprensión y mejora, más que como un
mecanismo de control y clasificación" (p. 112). El sistema evaluativo debe caracterizarse por:
Multidimensionalidad: Consideración de las diversas dimensiones del desarrollo
profesional, incluyendo aspectos cognitivos, procedimentales, éticos y existenciales.
Participación auténtica: Incorporación activa del estudiante en el proceso evaluativo,
mediante prácticas como la autoevaluación reflexiva y la coevaluación colaborativa.
Contextualización: Valoración de los aprendizajes en relación con contextos de
aplicación auténticos, superando la abstracción de las evaluaciones descontextualizadas.
Orientación transformadora: Concepción de la evaluación como oportunidad para la
transformación ontológica, más que como verificación de resultados predeterminados.
Este sistema evaluativo debe implementarse progresivamente, comenzando con
experiencias piloto y avanzando hacia una transformación integral de las prácticas evaluativas
institucionales.
Barreras potenciales y estrategias de superación
La implementación del modelo ontoeducativo en el contexto universitario venezolano
enfrenta diversas barreras potenciales, cuya identificación y análisis resultan fundamentales para
el desarrollo de estrategias efectivas de superación.
Barreras epistemológicas
Una primera categoría de obstáculos corresponde a las concepciones epistemológicas
predominantes en la formación ingenieril, caracterizadas por un marcado positivismo que tiende
a reducir el conocimiento válido a aquello que resulta cuantificable y objetivable. Como señalan
Young y Muller (2010), este enfoque epistemológico "bajo-socializado" o naturalizado del
conocimiento constituye un obstáculo significativo para la implementación de aproximaciones
ontoeducativas que reconocen la multidimensionalidad del saber profesional, al tratar las
fronteras del conocimiento como entidades fijas y dadas, subordinando la formación ontológica
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a preocupaciones exclusivamente epistemológicas. Para superar estas barreras, se proponen las
siguientes estrategias:
Desarrollo de seminarios filosóficos que evidencien las limitaciones del reduccionismo
positivista y muestren aproximaciones alternativas al conocimiento profesional.
Incorporación de estudios de caso que evidencien la insuficiencia de abordajes
meramente técnicos para la resolución de problemas profesionales complejos.
Conformación de equipos docentes interdisciplinarios que integren perspectivas
complementarias sobre el conocimiento profesional.
Barreras institucionales
Una segunda categoría corresponde a los obstáculos derivados de las estructuras y culturas
institucionales predominantes en las universidades venezolanas. Albornoz (2018) documenta
que "la universidad es ostensiblemente de menor calidad académica en el año 2016 que en el año
1999 como de menor calidad en 1999 que en 1973" (p. 484), evidenciando un deterioro
progresivo del sistema que refleja la incapacidad institucional para implementar
transformaciones estructurales efectivas. Esta situación se agrava porque "el sistema está intacto,
tal como viene operando desde 1958" (p. 483), perpetuando barreras que comprometen la
renovación de los modelos formativos. Las estrategias propuestas para la superación de estas
barreras incluyen:
Implementación de "enclaves transformadores" que operen como espacios
experimentales para el desarrollo del modelo ontoeducativo, aun en contextos
institucionales adversos.
Conformación de redes interinstitucionales que potencien la capacidad transformadora
mediante la colaboración entre diversos actores académicos.
Desarrollo de programas de formación directiva orientados a sensibilizar a las
autoridades académicas sobre el potencial del modelo ontoeducativo.
Barreras económicas y materiales
Una tercera categoría corresponde a las limitaciones derivadas de la crítica situación
económica que enfrenta actualmente el sistema universitario venezolano. Como señalan diversos
analistas, la severa restricción presupuestaria compromete significativamente la capacidad
institucional para implementar transformaciones educativas. Las estrategias propuestas para
enfrentar estas barreras incluyen:
Diseño de propuestas de implementación "de bajo costo" que prioricen transformaciones
metodológicas por sobre inversiones infraestructurales.
Utilización creativa de recursos digitales gratuitos o de bajo costo que potencien las
posibilidades formativas.
Establecimiento de alianzas estratégicas con organizaciones nacionales e internacionales
que puedan aportar recursos complementarios para la implementación del modelo.
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Indicadores de seguimiento para la evaluación sistemática
La implementación efectiva del modelo ontoeducativo requiere el establecimiento de un
sistema de indicadores que permita evaluar sistemáticamente tanto el proceso de implementación
como sus resultados transformadores. En consonancia con Stufflebeam y Coryn (2014), la
evaluación de modelos educativos innovadores requiere la integración de aproximaciones
cualitativas y cuantitativas que capturen la complejidad multidimensional del fenómeno
educativo, asegurando que los procesos evaluativos cumplan con estándares de utilidad,
factibilidad, propiedad y precisión. El sistema de indicadores propuesto se estructura en tres
categorías complementarias:
Indicadores de proceso
Estos indicadores evalúan el desarrollo de la implementación, monitoreando la ejecución
efectiva de las actividades planificadas en cada fase. Entre los indicadores propuestos destacan:
Porcentaje de profesores participantes en los programas de formación ontoeducativa.
Número de asignaturas rediseñadas bajo principios ontoeducativos.
Frecuencia de implementación de prácticas pedagógicas transformadoras.
Nivel de participación estudiantil en experiencias formativas innovadoras.
Grado de incorporación de sistemas evaluativos coherentes con el modelo.
Indicadores de resultado
Estos indicadores evalúan los efectos inmediatos de la implementación del modelo,
especialmente en relación con las transformaciones en las concepciones y prácticas de los actores
educativos. Entre los indicadores propuestos se incluyen:
Transformaciones en las concepciones epistemológicas de docentes y estudiantes.
Desarrollo de competencias reflexivas y críticas en los estudiantes.
Capacidad para integrar dimensiones técnicas, éticas y sociales en el abordaje de
problemas.
Nivel de satisfacción de los participantes con las experiencias formativas.
Reducción de indicadores de fracaso educativo (deserción, reprobación, rezago).
Indicadores de impacto
Estos indicadores evalúan los efectos a mediano y largo plazo de la implementación del
modelo, especialmente en relación con transformaciones ontológicas perdurables. Entre los
indicadores propuestos destacan:
Configuración de identidades profesionales integrales en los egresados.
Capacidad para desarrollar prácticas profesionales éticamente comprometidas.
Contribución significativa a la transformación social desde el ejercicio profesional.
Capacidad para continuar aprendiendo a lo largo de la vida profesional.
Satisfacción personal con la trayectoria formativa y su impacto vital.
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La evaluación sistemática fundamentada en estos indicadores debe concebirse como un
proceso continuo que retroalimenta permanentemente la implementación del modelo,
permitiendo su adaptación contextualizada y su mejora progresiva.
Consideraciones contextuales para la implementación en Venezuela
La implementación del modelo ontoeducativo en el contexto universitario venezolano
requiere una adaptación contextualizada que reconozca tanto las particularidades culturales e
institucionales como los desafíos específicos que enfrenta, en la actualidad, el sistema de
educación superior. Como señala Casanova (2012), el diseño curricular debe ofrecer "respuestas
válidas y viables a las necesidades personales contextualizadas en el mundo cercano [...] al igual
que a los requerimientos sociales exigidos por la nueva realidad del entorno" (p. 7),
especialmente cuando la organización de las instituciones conserva "estructuras anquilosadas
que impiden la aplicación real de un currículum flexible" (p. 7), situación relevante en contextos
que enfrentan restricciones significativas. En el contexto venezolano, la implementación del
modelo debe considerar:
1. La situación de precarización institucional: el deterioro significativo de la
infraestructura universitaria y la asfixia presupuestaria requieren estrategias de
implementación que prioricen transformaciones metodológicas por sobre inversiones
materiales.
2. La emigración profesional: la salida masiva de docentes e investigadores calificados
demanda estrategias de formación acelerada para nuevos profesores, así como
mecanismos de vinculación con académicos venezolanos en la diáspora.
3. La polarización política: la marcada división ideológica que caracteriza el contexto
universitario requiere aproximaciones que trasciendan posicionamientos partidistas para
centrarse en la transformación educativa como valor compartido.
4. Las brechas tecnológicas: las significativas limitaciones en conectividad e
infraestructura digital exigen estrategias de implementación que combinen
apropiadamente modalidades presenciales con complementos digitales accesibles.
Considerando estos factores contextuales, se propone una implementación progresiva que
comience con experiencias piloto en entornos institucionales favorables para, posteriormente,
expandirse mediante una estrategia de "contagio positivo" fundamentada en la visibilización de
resultados transformadores.
La contextualización del modelo no implica, sin embargo, una reducción de sus
aspiraciones transformadoras. Por el contrario, como argumenta Freire (2019) en una de sus
últimas reflexiones, "las condiciones límite no deben concebirse como determinantes
insuperables, sino como situaciones desafiantes que exigen creatividad y compromiso" (p. 78).
En este sentido, el modelo ontoeducativo propuesto constituye no solo una respuesta a las
necesidades formativas de los ingenieros venezolanos, sino también una contribución potencial
a la revitalización del sistema universitario nacional desde una perspectiva transformadora y
humanista.
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Conclusiones: implicaciones, limitaciones y proyecciones del modelo ontoeducativo
El recorrido analítico desarrollado en este trabajo ha permitido articular un marco
conceptual innovador para la comprensión y transformación de la calidad educativa universitaria
venezolana, particularmente en el ámbito de la formación ingenieril. Más allá de una mera
recapitulación, estas conclusiones pretenden establecer las implicaciones sustantivas del modelo
propuesto, reconocer sus limitaciones epistemológicas y metodológicas, así como proyectar
horizontes investigativos emergentes.
En primera instancia, el modelo ontoeducativo representa una ruptura epistemológica con
los paradigmas tecnocráticos que han predominado históricamente en la conceptualización de la
calidad universitaria. Efectivamente, esta aproximación trasciende la mera capacitación técnica
para abrazar una formación que transforma ontológicamente al educando en su comprensión del
ser-en-el-mundo. Esta reconceptualización constituye un aporte significativo para superar
enfoques instrumentales centrados exclusivamente en indicadores cuantitativos.
Complementariamente, el modelo desarrollado evidencia la insuficiencia de abordajes
fragmentarios que disocian la formación técnica de la formación humanística. Las disciplinas
ingenieriles requieren, por tanto, una sólida fundamentación humanística que permita al
profesional comprender las implicaciones éticas, sociales y existenciales de su quehacer técnico.
Esta integración entre techné y phrónesis facilita la superación de dicotomías reductivas que han
empobrecido históricamente la comprensión del fenómeno educativo universitario.
En el ámbito de la práctica docente, el modelo ontoeducativo adquiere especial relevancia
considerando el contexto de restricciones materiales que caracteriza a las instituciones
venezolanas. Paradójicamente, estas limitaciones pueden constituir oportunidades para
desarrollar aproximaciones pedagógicas que, al priorizar la transformación del ser sobre la
transmisión de contenidos, maximicen el impacto formativo con recursos limitados.
No obstante, la honestidad académica exige reconocer las limitaciones inherentes a este
trabajo. En virtud de su naturaleza como análisis teórico-crítico documental, el modelo propuesto
no ha sido sometido a contrastación empírica sistemática que permita verificar su pertinencia y
efectividad en contextos universitarios específicos. Asimismo, debe señalarse el predominio de
tradiciones filosóficas occidentales en su fundamentación, lo que sugiere la necesidad de
incorporar epistemologías del Sur que enriquezcan la comprensión del fenómeno formativo
desde perspectivas tradicionalmente marginadas.
En cuanto a las proyecciones investigativas, se identifican cuatro líneas prioritarias: (1) la
validación empírica del modelo mediante estudios de caso en instituciones venezolanas; (2) el
desarrollo de instrumentos de evaluación coherentes con la perspectiva ontoeducativa; (3) la
exploración de pedagogías ontológicas específicas para la formación ingenieril; y (4) el análisis
de las interrelaciones entre ontoeducación y transformación digital en contextos de alta
vulnerabilidad tecnológica.
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El modelo ontoeducativo propuesto, en suma, trasciende el ámbito específico de la
formación ingenieril para cuestionar profundamente el sentido de la universidad venezolana
contemporánea. En un contexto caracterizado por presiones utilitaristas que reducen la educación
a mera capacitación laboral, este enfoque reivindica la misión transformadora de la universidad
como espacio privilegiado para la emergencia y desarrollo del ser en sus múltiples dimensiones.
La calidad de la educación universitaria venezolana, en específico, en el ámbito ingenieril,
no puede seguir evaluándose mediante indicadores instrumentales que soslayan la dimensión
ontológica del proceso formativo. El desafío fundamental consiste en desarrollar universidades
ontológicamente significativas, capaces de formar no solo profesionales competentes, sino seres
humanos comprometidos con la construcción de un mundo más justo, sostenible y humanizado,
incluso en medio de las más severas restricciones materiales e institucionales.
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