parecen coincidir con ella o, al menos, promover tangencialmente los mismos intereses de
captación y penetración del léxico de una lengua general o de una comunidad particular de
hablantes, poco o nada han tenido que hacer la evaluación de otros saberes, de otras
actividades del conocimiento o de otras formas de creación desde la perspectiva léxica. El
desapego de los estudiosos hispanoamericanos, en concreto, no deja de llamar la atención
por lo fugaz de su dedicación al tema. Resalta, aún más, el hecho de que conociéndose de la
existencia de este tipo de repertorios apenas se les considere como especies curiosas o
museísticas, en todo caso, periféricas, de la actividad descriptora del léxico.
Las relaciones entre la lexicografía y la literatura se han visto confirmadas, al menos,
en dos espacios concretos de desarrollo. Por una parte, la cada vez más fecunda reflexión
sobre la naturaleza ficcional del diccionario ha permitido, si bien nunca en perjuicio de su
exactitud descriptiva y referencial, abrir zonas de interés pautadas por la materia y forma del
diccionario hacia terrenos nunca explorados. Me refiero no sólo a la capacidad que el
diccionario tiene de influir en la visión de la realidad a través de su descripción de las voces
que vienen a designarla, sino a la posibilidad de verlo como documento de una determinada
e interesada visión del mundo y de un interesado y determinado modo de pensar la realidad
a través del diccionario. Por otra parte, literatura y lexicografía han creado hermandades muy
fuertes en cuanto a la consideración del texto literario como fuente documental. Entendido
como un semillero léxico, la elaboración de diccionarios en su fase recolectora se ha nutrido
intensa e inmensamente de las unidades univerbales y fraseológicas que novelas y
narraciones, poesías y obras teatrales, han rescatado y preservado como haber lingüístico.
Asimismo, la cercanía que estas dos actividades creativas y de pensamiento han alcanzado,
desde tiempo muy temprano (quizá habría que volver a referir lo que el Diccionario de
autoridades debe a la materia literaria), ha sido gestora en la fragua de un productivo y rico
género de obra lexicográfica: el glosario literario.
Sin que se advirtiera, la lexicografía literaria corrió en paralelo con la lexicografía
general y dialectal venezolana haciendo su contribución notable sin la menor intención de
permear las instancias hegemónicas de la disciplina léxica. Quizá este hecho determinó que
se mantuviera aislada y ajena de la consideración de los estudiosos hasta bien entrado el siglo