
https://doi.org/10.56219/letras.v66i108.5542
(d) otras lenguas (alfondoque, mango, trapiche); (e) condición mixta (guarapo fuerte,
bejuco de cadena); (f) en discusión (pulpería, rechoncho, tacha).
Esta especie de taxonomía, sin ser definitiva, se ha visto confirmada al contrastar la
nomenclatura del glosario escondido y la contribución que, en la segunda década del siglo
XX, hizo Lisandro Alvarado a las investigaciones lexicográficas en Venezuela,
concretamente a través de sus dos producciones lingüísticas pioneras
17
: GBEV (1982b) y
GVIV (1982a)
18
. Al hilo del contraste, se determina que casi la mitad del hábeas de la “Lista”
está registrada con idéntico sentido en el primero de los mencionados, es decir, en el
diccionario diferencial del español de Venezuela (alfondoque, cogollo, emburrar, fondo,
hallaca, maluco, melcocha, papelón, pena, pilón, rabopelado, raspadura, tablón, tacha,
templador). Salvo hallaca que, por su origen indígena, debería parecer en GVIV
19
, las voces
se corresponden, en nuestra clasificación, a los puntos (b) y (d), constituidos, en su mayoría,
a base de unidades léxicas de origen hispánico y con vitalidad en la variedad venezolana. El
resto de la nomenclatura o aparece registrado con idéntico sentido en GVIV (arepa,
bejuco/bejuco de cadena, conuco, cují, guarapo
20
, lapa, mamones, mango
21
, maraca,
pulpería, topocho, zamuro), ratificando la procedencia indígena de las unidades del punto
(a), o no ha sido inscrito en ninguna de estas obras (bagazo, melado, rechoncho, señor,
temple, trapiche).
En cuanto al segundo criterio, la extensión de uso, hemos podido constatar que todas
las entradas forman parte del lexicón de la variedad venezolana
22
, no obstante de la
17
Para Pérez (1997d), los glosarios alvaradinos son “El primer proyecto científico en la lexicografía venezolana
[…] y el único que ha alcanzado su total culminación” (pp. 102-103).
18
Ambos repertorios fueron concebidos en el mismo período histórico en el que de la Parra elabora su obra. Es
más, GBEV, obra póstuma de Alvarado, se publica en 1929, mismo año en el que aparece Las memorias de
Mamá Blanca.
19
Podría tratarse de una inconsistencia en la repartición de las cédulas lexicográficas de ambos glosarios, toda
vez que el mismo Alvarado (1982a) afirmó, en el “Prólogo” del GVIV, lo siguiente: “Las voces indígenas
incorporadas al español de Venezuela tienen uso frecuente en el lenguaje familiar y aun invade el estadio de las
letras. Algunas de ellas traspasan los límites del país y pueden considerarse como americanismos” (p. 25).
20
Más recientemente, se ha descubierto que esta voz es de origen africano (Corominas, 1987).
21
Con respecto a mango, actualmente se indica que su origen es hindú, pero se asume como un uso americano.
22
Cabe destacar que voces puntuales de ese conjunto gozan de tradición histórica y lexicográfica en la variedad
venezolana. Puntualmente, las entradas alfondonque, arepa, guarapo, hallaca, melado y papelón fueron
incluidas en las primeras cédulas lexicográficas presentadas por “los ilustres Julio Calcaño, Felipe Tejera,
Aníbal Dominici, José María Manrique, Jerónimo E. Blanco, Eduardo Blanco, general Antonio Guzmán Blanco