LA TRANSVERSALIDAD DE LAS COMPETENCIAS INVESTIGATIVAS EN LA FORMACIÓN DOCENTE: BASES TEÓRICAS PARA UNA
PRAXIS CRÍTICA Y TRANSFORMADORA.
contradicciones: subsisten profundas tensiones entre
el discurso académico que defiende la
transversalidad de las competencias investigativas y
la realidad de programas formativos que aún
problemas de su entorno, en tanto la OCDE (2021)
advierte sobre la urgencia de superar una enseñanza
de la investigación meramente técnica, promoviendo
su integración en la experiencia educativa diaria. En
coherencia con estos lineamientos internacionales,
Carr y Kemmis (1988) defienden la investigación-
acción como praxis educativa crítica, que reivindica
al docente como productor de saber pedagógico y
agente de cambio social.
fragmentan
la
investigación,
relegándola
a
asignaturas aisladas y desconectadas de la práctica
docente real (Buendía, Zambrano & Insuasty, 2018;
Espinosa, 2023).
Trascendiendo estas limitaciones, autores como
Calvo
(2020)
sostienen
que
la
formación
El Instituto Internacional de la UNESCO para la
Educación Superior en América Latina y el Caribe
(IESALC, 2020) añade que la educación superior
debe asumir la responsabilidad estratégica de dotar
de sentido y proyección al proceso formativo
iniciado en los niveles previos, consolidando y
perfeccionando los saberes adquiridos mediante una
integración crítica, reflexiva y aplicada del
conocimiento. En este marco, el aprendizaje
trasciende la acumulación de información para
investigativa universitaria debe ser concebida como
un eje articulador de la totalidad del proceso
formativo, más allá de ser una fase complementaria
o marginal. En su análisis, Calvo destaca que el
desarrollo de las competencias investigativas
“requiere ser iniciado desde los primeros momentos
de la vida académica, integrando la enseñanza de los
distintos saberes” (p. 213), y subraya que ello orienta
la formación hacia el pensamiento crítico, reflexivo
y abierto.
convertirse
en
un
proceso
de
construcción
epistemológica y apropiación significativa; así, el
estudiante profundiza en la comprensión del mundo
y se prepara para intervenir en él de forma
transformadora, ética y socialmente comprometida.
Por tanto, la educación superior no solo culmina un
ciclo educativo, sino que inaugura el ejercicio
profesional como praxis consciente, orientada a la
resolución de problemas complejos desde una
perspectiva humanista, científica y contextualizada.
Bajo esta mirada, la investigación se vuelve
determinante para formar individuos capaces de
responder con solvencia a los retos que enfrentan
tanto en su trayectoria formativa como en el ejercicio
profesional.
La literatura reciente coincide en que concebir la
investigación como competencia transversal exige
reformular el currículo de formación docente.
Maestre (2020) propone el aprendizaje basado en
problemas (ABP) y el coaching multidimensional
como modelos innovadores que permiten una
integración real entre saber, hacer y ser del educador,
fortaleciendo así la capacidad de análisis, reflexión
crítica
y
acción
transformadora.
De
forma
complementaria, Ramírez (2020) subraya el valor de
las comunidades de práctica como espacios
privilegiados para la construcción colaborativa de
conocimiento, superando la visión tradicional de la
investigación como un proceso solitario y alejado del
quehacer cotidiano del aula.
El análisis de antecedentes nacionales muestra que,
si bien existen avances, persisten importantes
desafíos. Ortiz (2023) identifica que los modelos
tradicionales de formación en Colombia aún limitan
el desarrollo del pensamiento reflexivo en los
Desde un enfoque regional, la UNESCO (2021)
enfatiza que la educación superior debe formar
profesionales capaces de indagar y actuar sobre los
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SINOPSIS EDUCATIVA • Año 26 • Vol. 26 N.º 1 • Junio 2026